Su marido la echó de casa; al día siguiente, ella se mudó a su mansión de 40 millones de dólares.

Su marido la echó de casa; al día siguiente, ella se mudó a su mansión de 40 millones de dólares.

No ocurrió.

El investigador encontró trabajos de traducción, pero nada suficiente para explicar su nueva seguridad.

Mientras tanto, Rodrigo seguía viendo a Renata.

Los 6 meses terminaron.

Una noche Santiago, que tenía 7 años, preguntó:

—Mamá, ¿tú y papá se van a divorciar?

Mariana sintió un nudo.

—¿Por qué preguntas eso?

—Porque el papá de Diego dejó de cenar con ellos antes de irse. Papá tampoco cena aquí.

Mariana acarició su cabello.

—Pase lo que pase entre nosotros, tú y Daniela tendrán una casa y serán amados.

Aquella noche dejó de esperar a Rodrigo.

Continuó viviendo con él, pero desde ese día ya no estaba preparando una reconciliación.

Estaba construyendo una salida.

Pasaron casi 2 años.

La empresa de biotecnología donde había invertido fue adquirida por un consorcio internacional.

La participación de Mariana multiplicó su valor.

Paulina la convenció de diversificar.

Compró 2 pequeños departamentos.

Después un local comercial.

Reinvirtió rentas.

Lo que había comenzado con traducciones hechas mientras sus hijos dormían terminó convirtiéndose en un patrimonio que superaba los $80,000,000 de pesos.

Rodrigo no sabía nada.

Seguía creyendo que Mariana dependía de la tarjeta que él depositaba para gastos domésticos.

8 meses antes de la separación, Mariana compró una residencia en Bosques de las Lomas.

Grande.

Moderna.

Pagada completamente a su nombre.

La visitaba algunas tardes mientras los niños estaban en la escuela.

Entraba en las habitaciones vacías e imaginaba risas en lugar de discusiones.

Nunca se mudó.

Esperó.

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