Una noche Rodrigo finalmente habló.
—Nos hemos distanciado.
Mariana casi rio.
—Sí.
—Creo que ambos somos responsables.
—No.
—¿Perdón?
—Estoy de acuerdo en que nos distanciamos. No estoy de acuerdo en repartir las razones por la mitad.
Rodrigo evitó mirarla.
Unas semanas después llegó la explosión.
Doña Beatriz había ido a cenar.
Durante la comida atacó nuevamente.
—Hay mujeres que olvidan de dónde vienen después de vivir demasiados años del apellido de su marido.
Mariana dejó los cubiertos.
—Tiene razón.
Beatriz sonrió.
—Me alegra que finalmente lo admitas.
—Una mujer puede olvidar de dónde viene cuando pasa demasiado tiempo intentando agradar a personas que nunca pensaron aceptarla.
Rodrigo se levantó.
—No hables así con mi madre.
Mariana lo miró.
—¿Quieres hablar de respeto? Perfecto. Podemos hablar también de Renata.
Rodrigo palideció.
Doña Beatriz frunció el ceño.
—¿Quién es Renata?
—Pregúntale a tu hijo con quién lleva casi 2 años viajando a Los Cabos.
—¡Basta! —gritó Rodrigo.
Mariana continuó.
—O podemos hablar del hotel de Polanco. De las flores. De los mensajes.
Rodrigo se quedó sin palabras.
Beatriz miró a su hijo.
Luego a Mariana.
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