Todos se rieron de su ropa vieja, hasta que un helicóptero aterrizó y reveló quién era realmente

Todos se rieron de su ropa vieja, hasta que un helicóptero aterrizó y reveló quién era realmente

—¿Por qué no aparece en el inventario?

—Llegó dentro de un lote antiguo —respondió Ramiro—. Pensé que estaba vacío.

—No está vacío —dijo Lucía.

Iván se acercó.

—¿También puede escuchar eso?

—No. La caja pesa demasiado.

Ramiro desbloqueó los cierres.

Dentro había un modelo largo de precisión, desmontado en varias piezas y protegido por espuma envejecida.

El diseño no llevaba marca comercial.

Solo aparecía un pequeño símbolo grabado cerca del mecanismo: un círculo atravesado por tres líneas.

Ernesto dejó caer el puro.

—Ese símbolo…

Lucía extendió las manos.

—¿Puedo?

Esteban dudó.

—Primero necesito saber quién es usted.

—Una clienta.

—Una clienta no conoce un modelo que ni siquiera figura en nuestros registros.

—Entonces quizá deberían mejorar sus registros.

Julián soltó una risa nerviosa.

—Sigue hablando como si fuera dueña del lugar.

Lucía miró alrededor.

—No necesitaría hablar así si me hubieran atendido como atienden a los demás.

Esteban bajó la vista.

—Tiene razón en eso.

Patricia abrió la boca, pero el gerente le hizo una seña para que guardara silencio.

—Puede revisarlo —dijo Esteban—. Sin munición.

Lucía tomó las piezas.

Sus movimientos fueron tranquilos, precisos y rápidos.

No buscó instrucciones.

No preguntó qué encajaba con qué.

En menos de un minuto, el modelo estaba montado sobre el mostrador.

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