Todos se rieron de su ropa vieja, hasta que un helicóptero aterrizó y reveló quién era realmente
—A ver si la señorita perfecta puede cargarla.
Lucía se la echó al hombro sin esfuerzo.
Después la abrió y encontró dentro tres piedras que su hermano había metido para hacerla quedar mal.
No discutió.
Sacó las piedras, las dejó a sus pies y siguió caminando.
Su padre la alcanzó varios minutos después.
—Nunca desperdicies energía demostrando algo que el tiempo puede demostrar por ti.
Lucía no olvidó esa frase.
Ramiro regresó cargando una caja metálica.
Ya no sonreía.
La depositó sobre el mostrador.
—Estaba donde dijo.
Esteban pasó un dedo sobre la capa de polvo.
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