Todos se burlaron de la mujer de la sudadera, hasta que el capitán reveló quién era realmente

Todos se burlaron de la mujer de la sudadera, hasta que el capitán reveló quién era realmente

Lucía extendió la mano.

—Desconecte la corrección automática.

—El protocolo dice que debemos mantenerla.

—El protocolo supone que los sensores dicen la verdad.

El capitán dudó.

—Si se equivoca…

—Si no lo hacemos, dentro de nueve minutos entraremos en una zona de corrientes descendentes sin suficiente presión para mantener la cabina estable.

El copiloto se inclinó hacia el capitán.

—Yo autorizo la maniobra.

El capitán respiró hondo.

Después accionó el interruptor.

El avión se inclinó con violencia.

Lucía tomó los controles secundarios.

Sus manos se movieron con una precisión que no combinaba con su sudadera vieja ni con sus zapatillas rotas.

Ajustó la potencia.

Corrigió el rumbo.

Desconectó una lectura.

Activó un sistema de navegación antiguo que casi ningún piloto utilizaba ya.

En la pantalla apareció una imagen granulada del terreno y de las masas de aire.

El capitán la observó.

—¿Está usando navegación por eco?

—Es el único sistema que no depende del sensor averiado.

—Hace años que no veo a nadie trabajar con eso.

—Por eso sigue funcionando.

Una voz llegó por la radio interna.

Era un supervisor técnico de la compañía.

—Ningún pasajero está autorizado a tocar los controles. Repito: ningún pasajero.

El capitán tomó el micrófono.

—La pasajera tiene formación avanzada.

Otra voz interrumpió la comunicación.

—Su identidad no aparece en los registros actuales. Debe retirarse de los mandos.

Lucía mantuvo las manos quietas.

Miró al capitán.

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