Todos se burlaron de la mujer de la sudadera, hasta que el capitán reveló quién era realmente

Todos se burlaron de la mujer de la sudadera, hasta que el capitán reveló quién era realmente

—Puede obedecerles.

Él tragó saliva.

—¿Y qué ocurrirá?

—Empiece a calcular cuántos equipos de rescate necesitarán para buscar los restos en el océano.

El rostro del capitán perdió el color.

El copiloto se acercó.

—Yo asumo la responsabilidad. Que continúe.

Hubo unos segundos de silencio en la radio.

Después, la voz del supervisor respondió:

—Queda registrada su decisión.

Lucía se colocó los auriculares.

No sonrió.

No buscó aprobación.

Sus ojos iban de una pantalla a otra mientras el avión atravesaba una enorme masa de nubes sobre el Atlántico.

—Necesito bajar tres mil metros —dijo.

—A esa altitud entraremos en una zona peor —respondió el capitán.

—Según los sensores nuevos, sí.

Señaló la pantalla antigua.

—Según esto, hay un corredor estable debajo de nosotros.

—Es demasiado estrecho.

—Lo sé.

—No podremos girar si cambia.

—Entonces no cambiaremos.

Lucía redujo la potencia del motor izquierdo y compensó con el derecho.

El avión descendió.

En la cabina de pasajeros, las personas sintieron cómo el suelo se inclinaba bajo sus pies.

La mujer del cárdigan rosa agarró la mano de su marido.

—Nos está llevando hacia abajo —susurró.

El hombre del traje oscuro miró la puerta de la cabina.

—Sabía que era un error.

La joven madre sentada

Next »
Next »

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top