
PARTE 1
—Mi madre lleva 3 noches sin volver.
Aquella frase recibió a Álvaro Serrano antes que su prometida, antes que su familia y antes que cualquiera de los 40 empleados que trabajaban en la finca de los Serrano, a las afueras de Toledo.
Nerea tenía 5 años. Estaba descalza sobre las baldosas frías del porche, con el pelo enredado y un jersey demasiado grande sobre el pijama.
Álvaro acababa de regresar 1 día antes de Bruselas, donde había cerrado la compra de 2 hoteles para el grupo familiar. En 6 semanas debía casarse con Clara Valdés.
Se agachó frente a la niña.
—¿Dónde está tu madre?
Marina Vega llevaba 4 años encargándose de aquella casa. Vivía con Nerea en una pequeña vivienda dentro de la finca y jamás dejaba a su hija sola por la noche.
Nerea señaló hacia el interior.
—Bajó con la señorita Clara a buscar vino para tu cena. Clara volvió. Mamá no.
Según el personal, Marina había tenido que viajar de urgencia a Talavera para cuidar a una tía.
Nerea negó con tanta fuerza que casi empezó a llorar.
—Mi madre no tiene ninguna tía en Talavera.
Álvaro levantó la vista.
En ese momento apareció Martín Rivas, director de seguridad de la finca y amigo de Álvaro desde la universidad.
—Por fin has vuelto —dijo, abrazándolo—. No hagas caso a la pequeña. Marina tuvo un asunto familiar.
Nerea se escondió detrás de Álvaro.
—Anoche oí a mi madre abajo.
Martín dejó de sonreír.
La niña explicó que llevaba 3 noches acercándose al antiguo corredor de la bodega. Había escuchado golpes detrás de una puerta que casi nunca se cerraba.
Álvaro bajó con ella.
Al final de la escalera encontró un candado nuevo sobre la vieja puerta de hierro.
—¿Quién ha puesto esto? —preguntó.
Martín apareció detrás.
—Lo autoricé yo. Clara dijo que había botellas demasiado caras para dejarlas sin asegurar.
Nerea miró a Martín.
—Tú me dijiste que mamá se había ido y que no hiciera más preguntas.
El silencio cambió de peso.
Álvaro sacó el móvil y llamó a la Guardia Civil. Después ordenó al responsable de mantenimiento que retirara el candado.
Cuando la puerta se abrió, Marina estaba en el suelo, consciente pero agotada, envuelta en una manta vieja.
Nerea corrió hacia ella.
Marina solo alcanzó a preguntar:
—¿Mi hija está bien?
Álvaro asintió.
Entonces vio una segunda cosa.
Sobre una estantería, junto a Marina, había una carpeta azul con el logotipo del Grupo Serrano.
Martín dio 1 paso atrás.
Y Álvaro comprendió que alguien no solo había querido hacer desaparecer a Marina.
Había querido que la encontraran exactamente allí.
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