Todos se burlaron de la mujer de la sudadera, hasta que el capitán reveló quién era realmente

Todos se burlaron de la mujer de la sudadera, hasta que el capitán reveló quién era realmente

Entró.

La puerta se cerró detrás de ella.

El capitán estaba inclinado sobre los controles. Tenía la camisa pegada a la espalda y gotas de sudor en la frente.

Varias alarmas sonaban al mismo tiempo.

—¿Quién es ella? —preguntó.

Lucía dejó la bolsa en el suelo.

Miró los instrumentos durante menos de tres segundos.

Después habló.

—Sombra Nueve solicita autorización para navegación auxiliar.

El capitán giró la cabeza con tanta rapidez que casi se golpeó contra el asiento.

Sus ojos se abrieron.

—No puede ser.

Lucía no se movió.

—No tenemos tiempo.

—Solo una persona utilizaba ese código.

El copiloto miró al capitán.

—¿La conoce?

El capitán continuó observando a Lucía.

—Sombra Nueve desapareció después del incidente de la sierra. Dijeron que nunca volvería a volar.

Lucía se sentó en el asiento auxiliar.

—El sistema de inclinación está enviando datos falsos. La altitud real es mayor de la que muestra la pantalla, pero estamos descendiendo demasiado rápido.

—El sistema secundario también falla —dijo el copiloto.

—No falla. Está recibiendo la misma información equivocada.

Lucía señaló una serie de cifras.

—El sensor frontal se ha congelado. El piloto automático está intentando corregir un error que no existe y, al hacerlo, nos está sacando de la ruta.

El capitán la miró sin saber si confiar en ella.

Otra alarma comenzó a sonar.

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