A la mañana siguiente, mi teléfono no dejaba de sonar.
Elena había publicado una fotografía en redes sociales desde el salón principal de la mansión.
La descripción decía:
«Las familias verdaderas siempre encuentran el camino de regreso a casa.»
Los comentarios estaban llenos de apoyo.
Nadie conocía la verdad.
Horas después recibí una notificación legal.
Ricardo y Elena me acusaban de abandonar la propiedad y de intentar apropiarme de la herencia de Alejandro.
Al mediodía, Elena me llamó.
—Seamos razonables, Mariana. Firma los documentos y renuncia a la casa. Te daré ciento cincuenta mil dólares para que empieces una nueva vida.
—¿Y si me niego?
Su tono cambió inmediatamente.
—Entonces demostraremos que eres una madre incapaz. Estás sola, sin dinero y con seis hijos. Piénsalo bien.
—Nos veremos en el tribunal.
Y colgué.
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