La dirección me llevó a una zona comercial tranquila de la ciudad.
El depósito se encontraba entre una lavandería y un local abandonado.
Había pasado frente a ese lugar decenas de veces sin prestarle atención.
Cuando introduje la llave en la cerradura y levanté la persiana metálica, mi corazón comenzó a latir con fuerza.
Al principio creí que el lugar estaba vacío.
Luego mis ojos se acostumbraron a la penumbra.
Y entonces las vi.
Había varias cajas cuidadosamente apiladas al fondo.
Todas tenían algo escrito.
Mi nombre.
Cada una de ellas llevaba una etiqueta con mi nombre.
Sentí que las piernas me fallaban.
Me acerqué lentamente.
Abrí la primera caja.
Y mi mundo volvió a detenerse.
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