Doña Rosa retrocedió, pálida ante la dureza de las palabras de su hijo, y sin decir más, dio media vuelta y salió al frío de la madrugada.
Pasaron 4 horas de agonía absoluta. Finalmente, el Doctor Ramírez, un médico de guardia con el rostro surcado por el cansancio, salió buscando a los familiares de Elena. Mateo saltó de la silla.
—¿Doctor? ¿Cómo está? ¿El bebé…?
El médico suspiró, frotándose los ojos bajo los lentes.
—Llegaron en el último minuto posible, muchacho. Tu esposa tiene una trombosis venosa profunda severa, complicada por una infección cutánea grave por falta de higiene y movimiento. Los coágulos estaban a punto de desprenderse e ir directo a sus pulmones. Si hubieran esperado 12 horas más, ninguno de los 2 estaría respirando ahorita.
A Mateo se le aflojaron las piernas y tuvo que apoyarse en la pared.
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