—¿Pero están vivos? —preguntó, con un nudo en la garganta.
—Están vivos —confirmó el doctor—. Tuvimos que iniciar tratamiento agresivo con anticoagulantes y antibióticos intravenosos. El riesgo de parto prematuro era alto, pero logramos estabilizar los signos del feto. Su corazón late fuerte. Ahora el reto es salvarle las piernas a tu esposa y mantener al bebé a salvo otras 12 semanas. Va a requerir mucho reposo, pero verdadero reposo médico, no aislamiento por terror. Necesita terapia física y apoyo emocional.
—Yo me encargo de todo, doctor. De todo.
Cuando a Mateo le permitieron entrar a la unidad de cuidados intensivos, el sol ya comenzaba a asomarse sobre la enorme urbe, pintando el cielo de un naranja tenue. Elena estaba conectada a 3 monitores diferentes, con una mascarilla de oxígeno suave sobre su rostro. Al ver a Mateo, sus ojos se llenaron de lágrimas de nuevo.
Él se sentó a su lado, tomó su mano con infinita delicadeza y besó sus nudillos.
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