Llegó al divorcio con su bebé de 12 días y su esposo se burló junto a la amante, pero el contenido de su carpeta negra los destruyó para siempre.

Llegó al divorcio con su bebé de 12 días y su esposo se burló junto a la amante, pero el contenido de su carpeta negra los destruyó para siempre.

PARTE 1

El reloj marcaba las 10 de la mañana cuando Valeria cruzó las enormes puertas de cristal de 1 de los despachos de abogados más exclusivos y fríos de Polanco, en la Ciudad de México. Entre sus brazos, envuelto en 1 cobija tejida a mano, llevaba a su bebé de apenas 12 días de nacido. No llevaba ni 1 sola gota de maquillaje, sus ojeras eran profundas y su ropa era sumamente holgada, muy lejana a los ceñidos vestidos de diseñador que su todavía esposo siempre le exigía usar para aparentar ser la pareja perfecta de la alta sociedad mexicana.

Cada paso que daba le recordaba el dolor físico de 1 cesárea reciente, su cuerpo aún estaba sanando, pero en su mirada ya no quedaba ni 1 rastro de la mujer sumisa, triste y destrozada que todos los presentes en esa sala esperaban devorar.

Al otro lado de la inmensa mesa de caoba estaba sentado Arturo. Su esposo, o el hombre que alguna vez creyó que lo era, lucía 1 impecable traje a la medida, el reloj suizo de siempre y esa postura altanera típica de quien cree que el mundo entero está a sus pies. A su derecha, rozando su hombro con total descaro, estaba Sofía. Durante 8 meses, Arturo la había presentado en bautizos, bodas y cenas de negocios como “la nueva directora de relaciones públicas de la constructora”.

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