Me giré lentamente.
Mateo estaba en la entrada de la cocina.
Pero no estaba balanceándose.
No tenía esa mirada perdida.
Estaba completamente quieto, mirándome directo a los ojos con una intensidad que jamás le había visto.
Me giré lentamente.
Mateo estaba en la entrada de la cocina.
Pero no estaba balanceándose.
No tenía esa mirada perdida.
Estaba completamente quieto, mirándome directo a los ojos con una intensidad que jamás le había visto.
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