Días después, Valeria pidió verme. Quería hablar.
La encontré sin maquillaje, sin ropa cara, sin sonrisa perfecta. Solo odio.
Admitió lo que yo ya sabía.
Dijo que Ramón “se lo merecía”.
Dijo que yo también.
Dijo que Leonardo era “demasiado tonto para darse cuenta”.
Y cuando insinuó que podía destruirlo, mi abogado le recordó la realidad: con las pruebas y su confesión, el trato se le caía.
La exhumación confirmó trazas de digitalina en Ramón.
La sentencia fue contundente.
Valeria: cadena perpetua.
Ricardo: 20 años.
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