Leonardo quedó libre, pero destrozado. No era culpable del crimen, pero sí de una negligencia brutal.
La custodia de Mateo quedó conmigo.
Mateo empezó terapia, escuela, fútbol. Al principio le temblaba la voz. Después, volvió a ser niño.
Y aunque el dolor no desapareció, la casa dejó de ser un lugar de sombras.
Se convirtió en un hogar.
Leave a Comment