Al amanecer hice la primera llamada.
No a la policía.
A mi abogado de confianza: Rodrigo Santana.
Le mostré todo: fotos, correos, frasco, documentos.
Y, lo más importante: le presenté a Mateo.
Rodrigo palideció.
—Esto es intento de asesinato múltiple, abuso infantil severo, fraude médico, falsificación de documentos…
Luego levantó la vista.
—Y si tus sospechas sobre Ramón son correctas… necesitamos exhumar el cuerpo.
Asentí con el estómago revuelto.
—Haga lo que sea necesario.
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