Revisé mis finanzas.
En cinco años había prestado a Leonardo más de $200,000 para “terapias” de Mateo.
Terapias falsas. Doctores falsos. Un diagnóstico fabricado.
Y además, había un seguro de vida con Leonardo como beneficiario.
Un pago instantáneo al morir.
Valeria no solo esperaba mi herencia.
Esperaba cobrarme.
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