Las generaciones actuales crecieron en un contexto de gratificación inmediata y fuerte énfasis en el bienestar individual. En ese marco, los vínculos que requieren paciencia, cuidado y compromiso suelen perder valor frente a lo inmediato y estimulante.
El amor materno, estable y previsible, no compite con un mundo que premia lo nuevo, lo rápido y lo centrado en uno mismo. Esto no significa que no importe, sino que muchas veces queda relegado en la escala de prioridades.
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