Antes de ser madres, muchas mujeres fueron hijas que no se sintieron vistas, valoradas o reconocidas. Al convertirse en madres, intentan reparar ese vacío a través de sus hijos, dando más de lo saludable, esperando inconscientemente recibir lo que nunca tuvieron.
Cuando la identidad de una mujer queda reducida al rol materno, los hijos perciben esa dependencia emocional. Y aunque no sepan explicarlo, sienten el peso de ser responsables de la felicidad de su madre. Muchas veces, la distancia es una forma inconsciente de decir: “no puedo cargar con eso”.
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