Algunas madres, con la mejor intención, se borran a sí mismas. Se muestran solo como función: la que cuida, la que resuelve, la que nunca se cansa. Ocultan el dolor, postergan deseos, no ponen límites.
El mensaje implícito que recibe el hijo es que ella no tiene necesidades propias. Y si una madre no se valora frente a sus hijos, difícilmente ellos aprendan a valorarla. No se trata de culparse, sino de tomar conciencia de que mostrarse como persona también educa.
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