Muchas veces, el hijo descarga su frustración, su enojo o su malestar interno en la persona que siente que no lo va a abandonar. La madre, al representar un vínculo incondicional, se convierte en ese lugar “seguro” para proyectar lo que no puede manejar.
Por eso puede ocurrir que un hijo sea amable con el mundo y duro con su madre. No es justo ni sano, pero entender que ese trato muchas veces habla más del conflicto interno del hijo que del valor de la madre puede ayudar a no transformar ese dolor en autodesprecio.
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