Fuimos a la casa verde mar y esperamos dentro del auto. La puerta se abrió. El hombre salió con un mono de mecánico y una caja de herramientas. Se subió al coche y pasó al lado nuestro.
Yo lo vi claro.
Y cuando miré a Marcos, él estaba llorando.
—Marcos… ¿qué no me estás contando?
Apoyó la frente en el volante, como si le pesara el mundo entero.
Leave a Comment