—Mamá… lo siento mucho. Papá no murió.
Las palabras quedaron suspendidas, pesadas, irreparables.
Y entonces vino lo peor:
Marcos me confesó que su padre había tenido otra familia durante veinticinco años. Que había vivido una doble vida. Que él se enteró años atrás. Y que lo ocultó.
No por amor. No por protección.
Por dinero.
Leave a Comment