Traje sobrio. Mirada tranquila.
Rosa, elegante, segura, a su lado.
—Venimos por la casa —dijo Julián.
Doña Teresa cayó sentada.
—¿Tú?
—Sí. El hijo que echaste.
Don Rafael, enfermo y cansado, bajó la mirada.
—Necesitamos ayuda…
Julián recorrió la casa con la vista.
Cada rincón donde Rosa había sido invisible.
—¿Recuerdan cuando dijeron que ella no valía nada?
Silencio.
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