La “sirvienta” sabía administrar mejor que cualquier socio de traje caro.
—La empresa se llamará “Martínez & Alvarado Construcciones” —dijo Julián.
—¿Alvarado? —preguntó Rosa.
—No por ellos. Por el apellido que un día me negaron… y que hoy ya no necesito.
EL REGRESO
Diez años después, la mansión Alvarado estaba en venta.
Deudas. Juicios. Embargos.
Doña Teresa, envejecida y orgullosa incluso en la derrota, recibió a un posible comprador.
Cuando la puerta se abrió…
sus piernas temblaron.
Julián estaba de pie.
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