Uno de los cambios más efectivos consiste en reorganizar el consumo de líquidos durante el día.
La idea es simple: la mayor parte del agua que necesitamos debe consumirse en la primera mitad del día.
Una buena estrategia consiste en beber alrededor del 75 % de la cantidad diaria de agua antes de las 4 o 5 de la tarde.
Esto permite que los riñones realicen su trabajo principal durante el día, cuando estamos activos y podemos ir al baño sin que afecte el descanso.
De esta manera, el cuerpo completa su proceso de hidratación y eliminación de líquidos antes de que llegue la noche.
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