Un consejo de 63 ancianos quería desterrar a una niña de 7 años, creyendo que era humana, pero cuando ella alzó una muñeca atada con una cinta roja, tres lobos negros se pusieron de pie como si acabaran de reconocer a su verdadero amo.

Un consejo de 63 ancianos quería desterrar a una niña de 7 años, creyendo que era humana, pero cuando ella alzó una muñeca atada con una cinta roja, tres lobos negros se pusieron de pie como si acabaran de reconocer a su verdadero amo.

Casi nada.

Pero Gael lo vio.

—Muéstranos la mano —ordenó el rey.

Evaristo sonrió.

—Majestad, no va a humillar a uno de sus consejeros por la palabra de una humana encontrada en el lodo.

—La mano —repitió Gael.

Dos guardias avanzaron.

Evaristo retrocedió.

Y en ese instante, el tercer lobo saltó.

No lo atacó. No lo mordió.

Solo le arrancó la manga con los dientes.

El anillo apareció.

Hierro negro.

Grieta en forma de cruz.

El salón se quedó sin aire.

Evaristo miró la mano desnuda. Luego miró a Alma.

Y dejó de fingir.

Sacó una hoja pequeña de debajo del cinto y empujó a un guardia contra el fuego. Las antorchas cayeron. Una cortina ardió. Los ancianos gritaron.

—¡Cierren las puertas! —rugió Gael.

Pero Evaristo ya corría.

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top