El secreto entre la empleada y su madre lo dejó helado

El secreto entre la empleada y su madre lo dejó helado

distraída, mirando el teléfono, dejando a Inés sola o incumpliendo la dieta.

Lo que encontró lo inmovilizó.

Las cortinas estaban abiertas de par en par.

La luz de media mañana, suave y tibia, caía sobre el piso de barro del patio.

En lugar del silencio clínico habitual, sonaba muy bajito un bolero antiguo desde una pequeña radio colocada sobre la encimera.

Lucía había llevado a Inés hasta una mesa redonda de hierro forjado junto a las bugambilias, no en la silla de ruedas, sino en una silla de respaldo alto con cojines firmes.

La silla de ruedas, vacía, estaba a un lado.

La anciana no tenía la mirada ausente de siempre.

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