El secreto entre la empleada y su madre lo dejó helado
La televisión había sido cambiada más de una vez a un canal de boleros.
Una mañana encontró, junto a la cama de su madre, una ramita de romero fresco en un vaso de agua.
No soportaba los cambios que no había autorizado.
Por eso, el martes en que fingió un viaje de negocios a Nueva York, ya había tomado una decisión.
Saldría como siempre, daría instrucciones estrictas y luego regresaría por la entrada de servicio para ver con sus propios ojos qué hacía Lucía cuando creía estar sola.
Ella escuchó cada orden sin discutir.
Puré de verduras a la una.
Suplemento a las cuatro.
Pastilla azul si había agitación.
Doctor Vargas a las cinco.
Lucía respondió con un respetuoso «Sí, señor Valdez», y él se marchó sin siquiera acercarse a besar la frente de su madre.
Media hora después estaba otra vez dentro de la propiedad.
Entró por la puerta de servicio con una llave magnética, subió por la escalera trasera y se detuvo en el corredor que daba al patio interior.
Desde ahí podía ver parte de la cocina, el desayunador y el jardín central sin ser visto.waaaa
Esperaba pillarla
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