Pregúntale qué descubrió Elena sobre ti. Eduardo miraba por la ventana en silencio, su perfil iluminado intermitentemente por las luces de la calle. Isabela conocía a su padre lo suficiente para saber que ese silencio no era tranquilidad, era tormenta contenida. Papá finalmente se atrevió a hablar. Lo que dijo Arturo, no ahora, Isabela. Eduardo la interrumpió suavemente, pero con firmeza. Por favor, no ahora. El resto del trayecto transcurrió en un silencio que pesaba como plomo. Cuando llegaron al penthouse de Eduardo, Patricia los esperaba con noticias.
Arturo está bajo custodia federal, informó. Las autoridades de tres países han presentado cargos. No hay manera de que salga libre en lo que le queda de vida. Era una victoria, una victoria enorme. Pero Isabela no podía sentir satisfacción mientras esa duda corrosiva seguía creciendo en su pecho. “Patricia, ¿puedes darnos un momento a solas?” Eduardo pidió con voz cansada. La abogada asintió y se retiró discretamente. Padre e hija quedaron solos en el amplio salón, el silencio de la madrugada envolviéndolos como una manta pesada.
Leave a Comment