Gritos de sorpresa llegaron desde el salón principal y en la oscuridad Isabela escuchó algo que hizo que su corazón diera un salto de esperanza. Sirenas. Muchas sirenas acercándose rápidamente. ¿Qué demonios? Arturo la soltó corriendo hacia la ventana. Abajo en la calle, una flota de vehículos policiales rodeaba el hotel. Pero no eran solo policías locales. Isabela reconoció las insignias de agencias federales, unidades especiales, incluso lo que parecían ser agentes internacionales. Esto es imposible. Arturo susurró su compostura finalmente agrietándose.
Tengo gente en todas partes. Nadie debería poder. Tu gente no sirve de nada cuando la evidencia es internacional. Una voz familiar sonó desde la puerta. Eduardo Márquez estaba de pie en el umbral, flanqueado por agentes uniformados. Pero no era su presencia lo que dejó a Arturo sin palabras. Era la mujer que estaba junto a él, Vanessa Ortega, sosteniendo una carpeta gruesa, mirando a Arturo con una expresión que combinaba terror y triunfo. Resulta que las grabaciones que Vanessa guardó durante años incluyen conversaciones con funcionarios de tres países diferentes.
Eduardo explicó mientras los agentes entraban a la habitación. Cuando compartimos esa información con las autoridades apropiadas, todos estuvieron muy interesados en cooperar. Arturo Navarro, un agente se adelantó, queda detenido por múltiples cargos que incluyen conspiración, fraude internacional y homicidio en primer grado. Mientras le colocaban las esposas, Arturo miró a Isabela con ojos que ardían de odio puro. Esto no ha terminado, Siseo. Tengo recursos que ni siquiera imaginas. Tengo secretos que destruirían a tu familia si salieran a la luz.
¿Qué secretos? Eduardo se acercó, su expresión peligrosa. Arturo sonró, una sonrisa cruel y rota. Pregúntale a tu hija sobre la verdadera razón por la que tu esposa vino a verme la noche que murió. Pregúntale qué descubrió Elena sobre ti, porque yo no fui el único que le mintió. Los agentes se lo llevaron antes de que pudiera decir más, dejando a Eduardo paralizado y a Isabela llena de preguntas que no sabía cómo formular. ¿Qué había querido decir? ¿Qué secreto guardaba su padre?
¿Y qué había descubierto su madre aquella fatídica noche? La victoria sabía amarga cuando venía acompañada de nuevas dudas. El viaje de regreso desde el hotel Gran Mirador fue el más largo de la vida de Isabella. Sentada junto a su padre en el asiento trasero del vehículo, las palabras de Arturo Navarro resonaban en su mente como un eco venenoso que se negaba a desaparecer. Pregúntale a tu hija sobre la verdadera razón por la que tu esposa vino a verme la noche que murió.
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