La Sociedad Mexicana de Crédito Industrial, conocida como Somex, vio una oportunidad, crear una distribuidora local llamada Willis Mexicana para comercializar estos vehículos, lo que empezó como un pequeño distribuidor de jeips en 1948 ya era un fabricante autorizado. Y en 1960 llegó el acuerdo que cambiaría todo.
Willis, Mexicana, firmó con American Motors Corporation para traer sus modelos a México. Pero aquí viene lo interesante. En 1962, el gobierno de López Mateos emitió un decreto revolucionario. Las armadoras en México debían tener 60% de contenido nacional en 3 años. O fabricaban en México o se iban.
El gobierno vio en Willis Mexicana el futuro de la industria automotriz mexicana. En diciembre de 1963 todo cambió. El Estado tomó el 60% de la empresa. American Motors Corporation se quedó con el 40%, pero sin derecho a administración y con voto minoritario. Y le cambiaron el nombre, vehículos automotores mexicanos. Bam.
El mensaje era claro. Esta era una empresa mexicana controlada por mexicanos para mexicanos. El 5 de noviembre de 1964 sucedió algo monumental. Se inauguró la planta de motores en Lerma, Estado de México. Una inversión de 87.5 millones de pesos, 240,000 m². Pero no era solo una fábrica más. era el símbolo de que México podía fabricar motores desde cero.
Y aquí es donde los ingenieros mexicanos demostraron su genio. Verás, los autos de American Motors estaban diseñados para Estados Unidos, calles planas, gasolina de alto octanaje. Pero México era diferente. Ciudad de México está a 2240 m sobre el nivel del mar, Guadalajara a 1566, Puebla a 2135. A esa altitud, los motores pierden potencia y la gasolina mexicana tenía bajo octanaje.
La solución de los ingenieros de BAM crearon un motor que no existía en ningún otro lugar del mundo. Tomaron el bloque del motor de 258 pulgadas cúbicas y agrandaron el diámetro de los cilindros en 0.16 pulgadas. El resultado, un motor de 282 pulgadas cúbicas o 4.6 L. Este motor generaba 132 caballos de fuerza a 3900 rpm y 216 libras pie de torque a apenas 2,200 rpm.
¿Por qué importa esto? Porque ese torque a bajas revoluciones compensaba perfectamente la pérdida de potencia por la altitud y el bajo octanaje del combustible mexicano. American Motors nunca fabricó este motor, era 100% mexicano. Uno de los primeros modelos en salir de las líneas de ensamble en Vallejo fue el Rambler American, un auto compacto con motor de seis cilindros que generaba 90 caballos de fuerza.
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