“Usted necesita un hogar y nosotras necesitamos una madre”, le dijeron las gemelas a la mujer sin hogar en la estación de tren…

“Usted necesita un hogar y nosotras necesitamos una madre”, le dijeron las gemelas a la mujer sin hogar en la estación de tren…

“Usted necesita un hogar y nosotras necesitamos una madre”, le dijeron las gemelas a la mujer sin hogar en la estación de tren…

La nieve caía en cortinas espesas y silenciosas sobre la estación del tren, y cada copo, al cruzar la luz blanca de los fluorescentes, parecía flotar un segundo antes de rendirse sobre el andén. Era ese tipo de frío de diciembre que no solo se metía bajo la ropa, sino que se instalaba en los huesos. El tipo de frío que obligaba a la gente a apretar el paso, a subir el cuello del abrigo y a pensar únicamente en el lugar cálido al que iban.

Isabel Herrera estaba sentada contra una columna de concreto en el andén siete. Su vestido color marfil, roto en la orilla y manchado por meses de calle, hacía muy poco por protegerla del viento que se colaba entre los rieles. Alguna vez había sido bonito, con encaje fino y bordados delicados. Alguna vez había pertenecido a otra vida. A una donde ella tenía trabajo, una casa, alumnos que la querían, y un futuro que parecía real. Ahora era apenas un recuerdo pegado al cuerpo.

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