—¿Por qué yo? —pregunté finalmente—. ¿Por qué me trajeron aquí?
El otro yo me observó fijamente.
—Porque estás a punto de tomar una decisión importante —dijo—. Una que cambiará todo.
Mi corazón se detuvo por un instante.
—¿Qué decisión?
No respondió de inmediato.
En lugar de eso, levantó la mano… y señaló hacia la oscuridad detrás de él.
Y entonces, algo comenzó a aparecer.
Imágenes.
Fragmentos.
Como recuerdos… pero no eran míos.
Me vi a mí mismo… en diferentes lugares, con diferentes vidas. En una, parecía feliz. En otra, completamente destruido. En otra… ni siquiera me reconocía.
—Todos estos eres tú —dijo—. Todos existen… en algún lugar.
Sentí que mi cabeza iba a explotar.
—Esto es demasiado…
—Y aún no has visto lo peor —añadió en voz baja.
Las imágenes cambiaron.
Se volvieron más oscuras.
Más violentas.
Más… reales.
Y en una de ellas… vi algo que me dejó helado.
Yo… de pie en el mismo edificio.
Pero no estaba solo.
Había alguien en el suelo.
Y esa persona… no se movía.
Retrocedí bruscamente.
—No… no… eso no soy yo…
El otro yo me miró fijamente.
—Aún no.
El silencio cayó como un golpe.
—Pero podrías serlo.
Sentí cómo el miedo se transformaba en algo más profundo… algo más peligroso.
—¿Qué se supone que debo hacer? —pregunté, desesperado.
El otro yo dio un último paso hacia mí.
Y entonces dijo:
—Elegir… qué versión de ti va a sobrevivir.
La llave en mi mano brilló con una intensidad cegadora.
Y en ese momento… el suelo empezó a desaparecer bajo mis pies.
Caí.
Pero no hacia abajo…
Sino hacia otra realidad.
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