Mi esposo me encerró en la habitación mientras yo tenía casi 40 grados de fiebre para que no pudiera ir al hospital. Mi suegra me arrojó agua helada encima porque quería obligarme a bajar a cocinar para más de 40 personas. Dejé de suplicar, bajé y conté todo delante de la familia… y luego me desplomé. Pero cuando desperté en el hospital, los médicos habían encontrado algo en mi sangre que no tenía absolutamente nada que ver con la fiebre.
Cuando mi pulgar quedó a centímetros del papel, fingí una crisis respiratoria. Los 3 se asustaron. —Mañana —dijo Mauricio—. Primero necesitamos el dictamen. Antes de irse, se inclinó sobre mí.…





