Estaba todavía en el hotel.
—Necesito que vengas al baño del segundo piso.
—¿Estás bien?
—Ven solo.
Llegó cinco minutos después.
Cuando vio mi cara dejó de hacer preguntas.
Le conté lo que había escuchado.
Al principio pensó que quizá había entendido mal.
Después vio cómo temblaba.
—¿Dónde está Martín?
—Con su madre.
—Voy a buscarlo.
Lo agarré del brazo.
—No.
—Claudia…
—Necesito saber qué documentos quieren que firme.
Daniel se calmó.
Mi hermano trabajaba como abogado corporativo.
Aquello terminó siendo una suerte enorme.
—¿Te han dado papeles recientemente?
Pensé.
Sí.
Dos semanas antes Martín había mencionado crear una sociedad para administrar futuras inversiones como matrimonio.
Había dicho que sería más fácil desde el punto de vista fiscal.
Yo no había firmado nada.
—Tengo los documentos en casa.
Daniel me miró.
—No firmes absolutamente nada.
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