Imagina conducir un auto diseñado específicamente para México, para sus montañas, su altitud y sus carreteras. Un motor que no pierde potencia a más de 2,000 m, una suspensión pensada para caminos reales y un precio que una familia mexicana podía pagar. Esto no es ciencia ficción, existió. Ingenieros mexicanos lograron algo extraordinario, crear una marca nacional capaz de competir de tú a tú con Ford y Volkswagen.
A principios de los años 70 su éxito fue tan grande que dominó el mercado interno. Pero en febrero de 1982 todo se derrumbó en cuestión de semanas. Esta es la historia de cómo México tuvo la marca de autos perfecta y como una sola decisión cambió su destino para siempre. Para entender que era BAM tenemos que retroceder a 1946. Después de la Segunda Guerra Mundial, México se llenó de jeips militares que ya no servían para la guerra.
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