Elena señaló.
—Presiona aquí. No aflojes aunque él se queje.
Álvaro obedeció sin hacer preguntas.
Salcedo apareció poco después con otro equipo.
Se quedó inmóvil al ver cómo Elena dirigía la estabilización.
—Hay que esperar a que el protocolo autorice el traslado —dijo.
Elena lo miró.
—Si esperamos, puede no llegar consciente al quirófano.
—Serrano…
—Doctor, tiene signos compatibles con hemorragia interna y está empeorando. Puede discutir conmigo cuando esté fuera de peligro.
Salcedo abrió la boca.
Álvaro habló sin levantar la voz.
—Escúchela.
Algo en el tono del comandante hizo que nadie discutiera más.
Javier fue trasladado.
Sobrevivió.
Horas después, el cirujano responsable dijo a la dirección que la intervención inicial había sido decisiva.
Mientras tanto, la policía confirmó que Nilo había localizado un segundo dispositivo que no había llegado a activarse correctamente.
El responsable fue detenido sin que hubiera más víctimas.
Cuando el confinamiento terminó, Elena salió a una zona lateral del hospital y se sentó sobre una caja de material.
Tenía las manos limpias.
Seguía sintiendo sangre sobre ellas.
Álvaro apareció con una manta sobre los hombros.
—¿Puedo sentarme contigo?
Elena soltó una breve risa sin humor.
—Tienes una obsesión rara con esa pregunta.
—La primera vez funcionó.
Él se sentó.
Pasaron varios segundos.
—Bosco —dijo Elena finalmente.
Álvaro no preguntó quién era.
Esperó.
—Era el perro de Jaime.
Y entonces se lo contó.
No todo.
No hacía falta.
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