—Confirma después de sacar a todos.
La seguridad del hospital empezó a mover pacientes.
Álvaro se colocó junto a ella.
—Sigues dando órdenes como antes.
—No sabes cómo era antes.
—Sé reconocer a alguien que ha tenido personas dependiendo de su voz.
Antes de que Elena pudiera contestar, un estruendo seco atravesó el edificio.
No procedía de la escalera.
Llegó desde la zona de carga.
Las puertas vibraron.
Varias alarmas comenzaron a sonar.
Elena ya estaba corriendo.
—¡Serrano! —gritó Salcedo desde el pasillo.
Ella ni siquiera giró la cabeza.
Encontró a 2 miembros de seguridad heridos cerca del acceso de mercancías.
Uno estaba consciente.
El segundo, Javier Molina, 46 años, tenía lesiones graves en una pierna y el abdomen.
Varias personas lo rodeaban sin saber cómo actuar.
Elena cayó de rodillas.
Sus manos dejaron de pertenecer a la enfermera silenciosa del turno de mañana.
Volvieron a recordar.
—Necesito material de compresión, 2 vías gruesas y avisad a cirugía.
Una auxiliar salió corriendo.
Elena presionó la lesión.
Javier intentaba hablar.
—Mi mujer…
—La verás.
—Mi hija…
—¿Cómo se llama?
—Lucía.
—Entonces piensa en Lucía. Mírame y respira.
Álvaro llegó tras ella.
—Dime qué hago.
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