El millonario rompió su diploma en directo, pero la niña guardaba una prueba que lo destruiría

El millonario rompió su diploma en directo, pero la niña guardaba una prueba que lo destruiría

Pantallas enormes.

Niños con camisas planchadas.

Padres tomando fotos.

Proyectos armados con materiales que costaban más que todo lo que Lucía tenía en su cuarto.

Ella colocó ALMA sobre una tela azul que la señora Amina le había prestado.

A un lado había un chico con un sistema de riego automático.

Al otro, una niña con un robot que movía cajas pequeñas.

—¿Nerviosa? —preguntó el chico.

Lucía asintió.

—No te preocupes —dijo él—. Esto ya está medio decidido.

—¿Cómo que decidido?

El chico señaló con la barbilla una mesa enorme al fondo.

Una niña rubia, con sonrisa perfecta, explicaba su proyecto mientras sus padres conversaban con los jueces.

—Hija de un funcionario importante. Ya sabes cómo es esto.

Lucía sintió un hueco en el estómago.

Pero luego miró a ALMA.

No.

Su proyecto era real.

Su proyecto podía salvar vidas.

Tenían que verlo.

Cuando Víctor Armenta llegó a su mesa, las cámaras lo siguieron como si fuera un rey.

Era alto, impecable, con traje oscuro y reloj brillante.

Lucía se enderezó.

—Buenas tardes, señor Armenta. Soy Lucía Morales. Mi proyecto se llama ALMA.

Él apenas miró el dispositivo.

—¿Y qué hace esta cajita?

El tono hizo reír a algunas personas cercanas.

Lucía respiró hondo.

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