El tratamiento depende de los valores encontrados y del riesgo cardiovascular. Generalmente comienza con cambios sostenidos en la alimentación y el estilo de vida.
Puede ser útil limitar las grasas saturadas presentes en carnes grasas, embutidos, mantequilla, productos fritos y algunos alimentos ultraprocesados. También se recomienda aumentar la fibra soluble mediante avena, legumbres, frutas y ciertos vegetales.
La actividad física regular, el control del peso, dejar de fumar y dormir adecuadamente también forman parte del manejo. Algunas personas necesitan medicamentos, especialmente cuando el LDL es muy alto, existe hipercolesterolemia familiar o el riesgo de ataque cardíaco es considerable.
No existe una bebida, té o alimento capaz de eliminar inmediatamente el colesterol acumulado. Los cambios deben mantenerse y comprobarse mediante nuevos análisis.
Cuándo consultar a un profesional
Conviene solicitar un perfil lipídico cuando nunca se ha realizado uno, existen antecedentes familiares, se padece diabetes o hipertensión, hay sobrepeso o se fuma.
También es recomendable consultar cuando aparecen depósitos amarillentos en la piel, bultos cerca de los tendones o antecedentes familiares de ataques cardíacos a edades tempranas.
La consulta debe ser urgente ante dolor u opresión en el pecho, falta de aire repentina, debilidad de un lado del cuerpo, dificultad para hablar, pérdida súbita de visión o desmayo.
Conclusión
El colesterol alto generalmente no provoca síntomas. Dolores de cabeza, mareos, cansancio y hormigueos no permiten confirmar el diagnóstico.
La acumulación silenciosa de colesterol LDL puede favorecer la formación de placa y aumentar el riesgo de ataque cardíaco y accidente cerebrovascular. Por eso, la prevención depende de realizar análisis periódicos, conocer los antecedentes familiares y controlar los factores de riesgo.
Detectarlo antes de que aparezcan complicaciones permite iniciar cambios de alimentación, actividad física y tratamiento médico cuando sea necesario.
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