Mi yerno pagó la cena en un restaurante elegante, me apretó el hombro y dijo: “Tómese su bebida, le ayudará a dormir”. Minutos después, el mesero se acercó pálido y susurró: “Señora… no la beba. Yo vi lo que él le puso”.

Mi yerno pagó la cena en un restaurante elegante, me apretó el hombro y dijo: “Tómese su bebida, le ayudará a dormir”. Minutos después, el mesero se acercó pálido y susurró: “Señora… no la beba. Yo vi lo que él le puso”.

“Señor Santillán, encontramos desvíos por 187 millones de pesos de Laboratorios Santillán.”

Lucía se puso blanca.

“¿Qué?”

Uno de los auditores abrió una carpeta.

“Empresas fachada. Contratos falsos. Pagos aprobados con credenciales del director general. Y movimientos posteriores a cuentas relacionadas con familiares directos.”

Andrés soltó una risa seca.

“Esto es ridículo. Elena está confundida. Ni siquiera sabe qué firmó.”

Rodrigo levantó la mirada.

“Precisamente por eso grabamos esta reunión.”

La sala se volvió hielo.

Andrés giró hacia mí.

Por primera vez, entendió que la copa del restaurante no me había sacado del camino.

La había puesto justo en el centro de la investigación.

Y todavía faltaba que escuchara quién venía subiendo las escaleras.

PARTE 3

La puerta principal se abrió antes de que Andrés pudiera decir otra mentira.

La comandante Mariana Rojas entró con dos agentes, una orden en la mano y Daniel detrás de ellos. El muchacho ya no llevaba uniforme de mesero, pero aún tenía el mismo miedo en los ojos. Solo que ahora ese miedo caminaba acompañado de verdad.

Andrés se puso de pie tan rápido que golpeó la mesa.

“Esto es una locura. Ella está inventando todo.”

Mariana lo miró sin parpadear.

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