—Esto cambia las cosas —dijo.
Doña Graciela perdió color.
—Mi hijo jamás nos grabaría.
Adriana respondió sin emoción:
—Su hijo instaló cámaras después de que desaparecieron documentos de este mismo escritorio hace 2 años.
Verónica cerró los ojos. Nunca supo eso. Simón había cargado más de lo que le contó.
La abogada sacó un sobre sellado.
—Además, dejó instrucciones específicas para este momento.
El sobre tenía el nombre de Verónica escrito con la letra de Simón.
Ella lo abrió con dedos temblorosos.
Adentro había una nota breve:
“Vero: perdóname por dejarte esta basura en medio del dolor. Si están ahí, no negocies. Ellos no vinieron a despedirse. Vinieron a cobrar una vida que nunca respetaron. Adriana sabe qué hacer. Y si mi madre pregunta qué le dejé, dile que exactamente lo que se ganó.”
Doña Graciela escuchó la última frase y se tensó.
—¿Qué significa eso?
Adriana sacó una última hoja.
—Significa que Simón sí dejó una disposición sucesoria menor.
Graciela levantó la barbilla.
—Entonces me corresponde algo.
Leave a Comment