Después del funeral de mi esposo, volví a casa vestida de negro… y encontré a mi suegra con 8 familiares llenando maletas. —Esta casa ya es nuestra. Tú tienes que irte —dijo. Me quedé inmóvil… y luego me reí. Porque si creían que Simón no había dejado nada, era porque nunca supieron quién era realmente… ni qué firmó antes de morir.

Después del funeral de mi esposo, volví a casa vestida de negro… y encontré a mi suegra con 8 familiares llenando maletas. —Esta casa ya es nuestra. Tú tienes que irte —dijo. Me quedé inmóvil… y luego me reí. Porque si creían que Simón no había dejado nada, era porque nunca supieron quién era realmente… ni qué firmó antes de morir.

—Este departamento no está a nombre de Simón Treviño como persona física. Pertenece a una sociedad patrimonial incorporada a un fideicomiso privado. La única beneficiaria y administradora con derecho de ocupación es la señora Verónica Salgado.

Doña Graciela dio un paso adelante.

—Eso es mentira.

Adriana sacó una copia certificada.

—Está inscrito y vigente.

Óscar dejó la laptop sobre la mesa como si quemara.

—Simón me debía dinero —dijo—. Me prometió pagarme una inversión.

Verónica lo miró. Óscar siempre aparecía cuando necesitaba préstamos, favores o contactos. Simón le había resuelto problemas durante años, hasta que dejó de hacerlo.

—¿Tienes contrato? —preguntó Adriana.

Óscar apretó la mandíbula.

—Era entre familia.

—Entonces no era deuda. Era costumbre.

Doña Graciela apuntó a Verónica.

—Ella lo manipuló. Desde que se casó con esta mujer, Simón nos abandonó.

Verónica sintió el golpe, pero no contestó. Recordó a Simón en el hospital Ángeles, 6 días antes, con la piel transparente bajo la luz blanca y la voz agotada.

—Van a ir antes de que se sequen las flores —le dijo—. No discutas. Llama a Adriana. Ríete primero. Eso les va a doler más.

Verónica pensó que deliraba por los medicamentos. Pero Simón no deliraba. Simón documentaba.

Adriana abrió otra sección de la carpeta.

—Antes de que alguien mienta más, conviene que sepan que Simón dejó evidencia de ingresos no autorizados a este domicilio durante su hospitalización.

Mariana se agarró del respaldo de una silla.

—¿Qué?

Adriana colocó 3 fotografías sobre la mesa.

En la primera aparecía Graciela entrando al departamento con una llave. En la segunda, Óscar revisaba el escritorio. En la tercera, Mariana fotografiaba documentos personales de Simón con su celular.

El policía auxiliar se inclinó apenas para mirar.

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