Ciertas condiciones médicas pueden favorecer el aumento de peso o hacer más difícil adelgazar.
Entre ellas se encuentran:
- Hipotiroidismo.
- Síndrome de ovario poliquístico (SOP).
- Resistencia a la insulina.
- Síndrome de Cushing (menos frecuente).
Estas enfermedades deben ser diagnosticadas y tratadas por un profesional de la salud.
3. El estrés también influye
El estrés prolongado puede afectar los hábitos de alimentación y el descanso.
Muchas personas experimentan:
- Mayor apetito.
- Preferencia por alimentos ricos en azúcar y grasa.
- Menor actividad física.
- Dificultad para dormir.
Todo esto puede favorecer el aumento de peso con el tiempo.
4. Dormir poco puede afectar el apetito
Dormir menos de lo necesario puede alterar hormonas relacionadas con el hambre y la saciedad, aumentando el apetito y los antojos.
Además, el cansancio reduce la energía para realizar actividad física.
La mayoría de los adultos necesita entre 7 y 9 horas de sueño por noche.
5. Las dietas muy restrictivas suelen ser difíciles de mantener
Eliminar demasiados alimentos o consumir muy pocas calorías puede producir:
- Mucha hambre.
- Pérdida de masa muscular.
- Fatiga.
- Abandono de la dieta.
- Recuperación del peso perdido.
Por eso, los cambios pequeños y sostenibles suelen ofrecer mejores resultados a largo plazo.
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