“Nadie creía en la choza de la viuda, escondida en lo profundo de la cueva… hasta que una tormenta que duró cinco días dejó a toda la ciudad sumida en el hielo.”

“Nadie creía en la choza de la viuda, escondida en lo profundo de la cueva… hasta que una tormenta que duró cinco días dejó a toda la ciudad sumida en el hielo.”

Una de ellas atravesó la ventana del bar.

La gente que aún estaba allí corrió hacia el interior.

—¡Tenemos que reunirnos todos en un lugar seguro! —gritó alguien.

Pero ¿dónde?

Las casas de madera crujían peligrosamente. Algunas ventanas ya habían explotado por la presión del viento.

La nieve bloqueaba las puertas.

Fue entonces cuando Carmen, la panadera, dijo algo que hizo que todos se quedaran en silencio.

—La viuda.

Don Ramiro la miró.

—¿Qué?

—El refugio.

Durante un segundo nadie habló.

Luego alguien soltó una risa nerviosa.

—¿De verdad vamos a ir al búnker de la loca?

Pero otra ráfaga sacudió el edificio con tanta fuerza que las luces de emergencia parpadearon.

Entonces la risa desapareció.

—Tal vez… —murmuró Carmen— tal vez no sea tan mala idea.

La caminata hasta la casa de Elena fue una pesadilla.

El viento empujaba con tanta fuerza que era difícil mantenerse de pie.

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