Pasaron varios días antes de que reuniera el valor para regresar a la escuela.
Durante ese tiempo leí cartas.
Escuché grabaciones.
Reviví recuerdos.
Lloré.
Reí.
Y poco a poco comencé a respirar nuevamente.
Una mañana desperté y encontré sobre mi mesa de luz una carta que había dejado preparada la noche anterior.
Era la que decía:
«Abrir cuando no puedas levantarte de la cama.»
La abrí.
Dentro había un simple mensaje de buenos días.
Valentina me recordaba que era más fuerte de lo que creía.
Y me pedía que le diera una oportunidad más al día.
Por primera vez en mucho tiempo, obedecí.
Me levanté.
Me vestí.
Y fui a la escuela.
Leave a Comment