Durante unos segundos recordé a la Mariana que conocí años atrás.
La mujer elegante que me acompañaba a eventos benéficos y cenas importantes.
La mujer cuya sonrisa iluminaba cualquier habitación.
Pero la persona que tenía delante era diferente.
Más delgada.
Más cansada.
Con ropa sencilla y desgastada por el uso.
Sus sandalias parecían haber recorrido cientos de kilómetros.
Sin embargo, nada de eso fue lo que me dejó sin aliento.
Lo que realmente me impactó fueron los dos pequeños que llevaba sujetos al pecho en un portabebés doble.
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