FINGIÓ ESTAR EN COMA — PERO LA CÁMARA REVELÓ LO QUE LA MADRASTRA LE HACÍA AL HEREDERO…

FINGIÓ ESTAR EN COMA — PERO LA CÁMARA REVELÓ LO QUE LA MADRASTRA LE HACÍA AL HEREDERO…

No abriría los ojos. No hablaría. No daría ninguna señal de que estaba consciente.

Porque si Isabela descubría que podía oírlo todo, él estaría muerto antes del amanecer.

Así que permaneció inmóvil, paralizado por elección y no por el daño cerebral, escuchando cada palabra que se decía a su alrededor. Y lo que escuchó durante los siguientes tres días le heló la sangre hasta los huesos.

Ahora, cinco días después del supuesto accidente, Isabela estaba sola con él en la habitación.

Los médicos habían salido hacía veinte minutos. Las enfermeras estaban cambiando de turno. Era el momento perfecto.

El momento en que ella bajaba la máscara.

Se acercó lentamente a la cama. Diego pudo oler su perfume: Chanel No. 5, el mismo que usaba Carolina, su primera esposa, la madre de Santiago, muerta hacía dos años de cáncer. Isabela se había asegurado de usar exactamente el mismo aroma para “honrar su memoria”, había dicho en su momento.

Diego había creído que era un gesto de sensibilidad.

Ahora sabía que era pura apropiación. Una manipulación macabra.

— Patético… — susurró Isabela, tan bajo que solo alguien a centímetros de distancia podría oírla.

Su voz destilaba desprecio puro.

— Diego Navarro, el gran magnate, dueño de Navarro Industries, ochocientos millones de pesos en activos… y ahora un simple vegetal.

Se rio. No era una risa histérica. Era una risa genuina, casi divertida, como si estuviera disfrutando de un chiste privado.

— ¿Sabes qué es lo mejor de todo? — continuó, inclinándose aún más cerca de su oído —. Que tu hijo, tu precioso Santiago, va a crecer pensando que yo soy lo mejor que le ha pasado en la vida. Porque voy a ser la viuda perfecta… la madrastra dedicada.

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